Christopher Nolan se enfrenta a Homero con una adaptación tremendamente ambiciosa. Con un reparto de primer nivel y un tramo final espectacular, La Odisea es una de las películas más esperadas del año. Nosotros ya hemos podido verla pero… ¿ha cumplido las expectativas o se ha quedado a medio camino? ¿Tiene una estructura demasiado complicada como para impedir que esté entre las películas más redondas de Nolan?
Christopher Nolan tenía una tarea poco sencilla
Adaptar La Odisea de Homero al cine no es precisamente fácil. Estamos hablando de una de las obras más influyentes de la historia de la literatura, un relato enorme en el que conviven la guerra, la aventura, la mitología, el terror, el romance y la tragedia. Y todo eso dentro de una estructura cinematográfica es demasiado complejo. Sinceramente, tenía muchísima curiosidad por descubrir qué iba a hacer Christopher Nolan con un material de estas dimensiones. No solo por la escala de la producción, sino porque La Odisea parece encajar muy bien con algunas de las grandes obsesiones del director como el paso del tiempo, la memoria, la identidad, la culpa y la necesidad de regresar a casa.

Esta vez, Nolan intenta ir más allá de la aventura. Su película trata las consecuencias de la guerra y la dificultad de volver a tu antigua vida después de haber cambiado por completo. Es más una introspección que un espectáculo visual. Odiseo no regresa de Troya siendo el mismo hombre que abandonó Ítaca. La opción más sencilla habría sido construir una gran superproducción en la que Odiseo viajase de isla en isla, enfrentándose a una nueva criatura o amenaza cada cierto tiempo. Seguramente habría resultado entretenida y espectacular, pero también habría perdido buena parte de aquello que hace que el poema épico de Homero siga siendo relevante miles de años después.
Una primera mitad fragmentada que exige paciencia
Mi principal duda con La Odisea está en su primera mitad. Nolan decide comenzar la película de una forma bastante fragmentada, mezclando acontecimientos y reorganizando diferentes momentos para revelar poco a poco el pasado de Odiseo y las consecuencias de la guerra. La intención se entiende, pero no siento que funcione con la precisión a la que nos tiene acostumbrada el director.

La obra de Homero ya posee una estructura compleja. Introducir nuevos cambios de orden provoca que durante el comienzo debas estar muy pendiente de ubicarte dentro de la historia. En lugar de dejarte llevar completamente por el viaje, estás intentando colocar cada pieza y comprender cómo se relaciona con las anteriores. Aún así, creo que la fragmentación puede tener una intención bastante más interesante que la de complicar la historia porque sí. Si tienes paciencia, puedes observar cómo el caos del montaje puede ser también el caos interior del personaje de Odiseo. Nolan cuenta los acontecimientos desde la experiencia emocional de Odiseo, pero también alejándose de él cuando quiere imponer su propia mirada como director.
Cuando todo encaja, aparecen los mejores Nolan y Göransson
Sin duda, lo mejor de la película se observa en cuanto la música, el montaje, la acción y las interpretaciones empiezan a trabajar en la misma dirección. No os miento al deciros que la película alcanza momentos casi extrasensoriales que recuerdan al mejor Nolan de Interstellar.

Odiseo puede ser un gran guerrero y un hombre extraordinariamente inteligente, pero continúa siendo vulnerable frente al mar, el tiempo y todas las fuerzas que escapan a su control. Esa fragilidad encuentra uno de sus mayores aliados en la banda sonora de Ludwig Göransson, que no funciona como un simple acompañamiento, sino como otra fuerza más dentro de nuestra propia odisea. Para construirla, se aleja de la gran orquesta convencional y mezcla instrumentos vinculados a la Antigua Grecia con sintetizadores, percusión metálica y enormes gongs de bronce. El resultado es una música que suena antigua y moderna al mismo tiempo: física, agresiva y casi ritual durante los momentos de peligro, pero también profundamente melancólica cuando la película recuerda que, detrás de la leyenda, sigue existiendo un hombre que sólo intenta regresar a casa.
Un reparto enorme que da vida al viaje
El reparto es una de las mayores fortalezas de La Odisea. Christopher Nolan vuelve a reunir a una enorme cantidad de actores reconocibles, incluso para personajes que no tienen demasiado tiempo en pantalla. Es algo que ya funcionó muy bien en Oppenheimer y aquí sucede algo parecido.
Matt Damon tiene la difícil responsabilidad de interpretar a uno de los héroes más importantes de la literatura occidental, Odiseo. Este nos ofrece una interpretación bastante contenida, especialmente durante la primera mitad. Su Odiseo es un hombre cansado, marcado por la guerra y obligado a medir cada palabra y cada decisión. No es un héroe invulnerable. Su mayor arma es la inteligencia, pero la película también muestra cómo su orgullo puede volverse en su contra. Existe una tensión constante entre el hombre que intenta sobrevivir y la leyenda que se está construyendo alrededor de él.

Anne Hathaway, por su parte, aporta mucha presencia a Penélope. Su personaje podría haberse limitado a representar el destino final del protagonista: la esposa que espera en Ítaca mientras Odiseo vive todas sus aventuras. Sin embargo, Penélope también está librando su propia batalla. Debe proteger su hogar, conservar su posición y convivir diariamente con la incertidumbre de no saber si su marido sigue vivo. Su presencia se construye mediante las miradas, los silencios y la forma en la que mide cada palabra.
Tom Holland como Telémaco está genuinamente irreconocible, y para bien. Su interpretación encaja especialmente bien con el recorrido de un joven que ha crecido bajo la sombra de un padre convertido en leyenda y que debe emprender su propio viaje para dejar de ser únicamente “el hijo de Odiseo”. Esta película supone una nueva parada en su particular odisea por convertirse en un actor cada vez más completo con el paso de los años, demostrando una evolución interpretativa enorme.

Es cierto que algunos personajes podrían haber tenido más desarrollo, especialmente el de Zendaya como Atenea, que en ocasiones se siente algo desaprovechado, especialmente teniendo en cuenta la importancia de la diosa como guía y protectora dentro del poema, pero Zendaya vuelve a demostrar por qué es una de las actrices de la década: lleva años manteniendo un nivel extraordinario sin flojear en ninguno de sus proyectos.
Balance final: Un enorme reto superado
Desde luego, Christopher Nolan se ha enfrentado a uno de los mayores retos de su carrera y ha evitado elegir el camino más sencillo construyendo su propia versión de Homero. Y quizá ese sea el aspecto más valioso de la película. En lugar de tratar La Odisea como una pieza intocable, Nolan se ha atrevido a desmontarla para buscar qué sentimientos siguen siendo humanos miles de años después. No adapta únicamente los acontecimientos, sino que intenta adaptar la forma en la que un hombre traumatizado podría recordarlos.
Todos creemos conocer esta historia, pero cuanto más establecido está un clásico dentro de la cultura, más complicado resulta cambiar su estructura sin provocar rechazo. La película corre ese riesgo y, aunque el resultado no siempre sea fluido, existe una idea muy potente detrás de esa elección. Sinceramente, es un hito que se haya conseguido adaptar una obra prácticamente inabarcable sin perder la personalidad del director ni la esencia del viaje de Homero. La Odisea de Christopher Nolan es una epopeya ambiciosa, profundamente humana y mucho más emocionante cuando todas sus piezas encuentran finalmente su lugar.
Esta noticia está escrita por Fran Molinez con anotaciones de una fantástica Anna Fernández y editada por Rubén Mota.



