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Tras el esperanzador inicio del nuevo Universo de DC Studios con Superman, la llegada de Supergirl debía servir para confirmar que el plan de James Gunn iba realmente en la dirección prometida. Sin embargo, la sensación que deja esta segunda entrega es muy distinta. Con una Milly Alcock absolutamente entregada al personaje y varios momentos puntuales que consiguen levantar el vuelo, la película termina convirtiéndose en una experiencia tan entretenida como profundamente olvidable. Una producción que evidencia problemas de guion, de dirección y de acabado técnico que resultan difíciles de comprender dentro del discurso de calidad que DC ha defendido durante los últimos años.

Milly Alcock sostiene una película que nunca termina de despegar

Si hay algo que funciona de principio a fin en Supergirl, es precisamente su protagonista. Milly Alcock demuestra que había motivos de sobra para confiar en su elección como Kara Zor-El. Tiene presencia, transmite vulnerabilidad cuando el personaje lo necesita y también consigue desplegar el carisma suficiente para convertirse en el corazón de la película. En muchos momentos da la sensación de que está interpretando una versión de Supergirl bastante mejor de la película que realmente la rodea.

Porque el gran problema es precisamente ese. El talento de su protagonista no basta para levantar el conjunto que parece incapaz de encontrar una personalidad propia. Salí del cine con una sensación de indiferencia muy difícil de explicar. No porque la película sea desastrosa, sino porque prácticamente nada de lo que propone consigue quedarse contigo una vez que aparecen los créditos finales. Es una de esas producciones que entretienen durante dos horas y desaparecen de tu memoria al rato de abandonar la sala.

Un apartado técnico sorprendentemente pobre para una superproducción

Uno de los aspectos que más desconcierta de Supergirl es su acabado visual. Y cuando hablamos de una película "oscura" no nos referimos únicamente al tono narrativo, sino a algo mucho más literal. Gran parte de la fotografía resulta excesivamente apagada, con secuencias donde cuesta apreciar correctamente la acción y donde la estética nunca alcanza el nivel de espectacularidad que uno espera de una producción de este presupuesto.

Craig Gillespie firma una dirección que transmite una preocupante falta de inspiración. Cuesta encontrar planos memorables o decisiones visuales que aporten personalidad al conjunto. Más bien parece un trabajo realizado por obligación, como un encargo del estudio ejecutado sin demasiada convicción. Hay un puñado de escenas épicas que funcionan razonablemente bien y consiguen despertar el espectáculo que uno esperaba encontrar durante toda la película, pero son excepciones dentro de una propuesta visual plana y poco atractiva.

Un guion demasiado convencional y un montaje que tampoco ayuda

Mis sensaciones tampoco mejoran cuando pienso en cómo la película intenta apoyarse en su narrativa. El guion resulta tremendamente previsible, con conflictos que parecen avanzar por inercia y con una estructura que transmite constantemente la sensación de haber visto todo esto antes. Apenas hay riesgo, apenas hay sorpresas y, sobre todo, apenas existe una identidad narrativa que diferencie a Supergirl de tantas otras películas de superhéroes “espaciales” recientes.

A ello se suma un montaje que tampoco termina de funcionar. El ritmo es irregular, algunas transiciones resultan bruscas y determinadas escenas parecen perder fuerza por cómo están ensambladas. Curiosamente, los mejores momentos de toda la película llegan cuando deciden mirar hacia el pasado de Kara. Son las secuencias que exploran su historia personal las únicas que consiguen aportar verdadera emoción, profundidad y un interés que el presente de la trama rara vez alcanza.

Los personajes son el principal motivo para mantener el interés

Afortunadamente, no todo resulta negativo. Además de la fantástica interpretación de Milly Alcock, los personajes consiguen aportar parte del encanto que la película pierde en otros apartados. Jason Momoa ofrece un Lobo divertido, con una presencia arrolladora y un carisma que funciona desde el primer minuto. Es cierto que esperaba algo más, pero entiendo que es exactamente el tipo de energía que la película necesitaba con mucha más frecuencia.

Krypto vuelve a convertirse en otro de esos robaplanos que funcionan casi sin esfuerzo. Cada aparición del perro kryptoniano (y eso que son pocas) consigue arrancar una sonrisa y aportar un punto de ligereza que ayuda a equilibrar una propuesta demasiado gris en otros aspectos. Precisamente son estos personajes los que terminan sosteniendo gran parte del entretenimiento de la película. Sin ellos, probablemente la sensación final habría sido todavía más fría. El resto de personajes, incluyendo al co-protagonista y el villano, son totalmente olvidables.

Balance final: Lo que realmente preocupa no es “Supergirl”, sino el futuro del Universo DC

Quizá lo más desconcertante de todo no sea que Supergirl salga mal, sino que exista dentro del contexto actual de DC Studios. Durante los últimos años, James Gunn ha repetido en innumerables ocasiones que bajo su liderazgo no volverían a estrenarse películas cuyo guion no estuviera completamente pulido. Insistió en que la prioridad sería la calidad por encima de la cantidad, incluso si eso suponía retrasar proyectos o cancelar producciones. Precisamente por eso cuesta entender cómo una película que transmite tanta sensación de improvisación ha recibido luz verde.

Y esa es probablemente la reflexión más importante que deja mi crítica. Supergirl no es una mala película en el sentido más extremo del término. No resulta insoportable, ni desastrosa, ni ofensiva para el espectador. Se deja ver, tiene momentos entretenidos y cuenta con personajes que funcionan. Pero está lejísimos del nivel que debería exigirse a la segunda piedra de un universo cinematográfico que pretende competir en taquilla y con otras superproducciones de Hollywood durante la próxima década. Lo preocupante no es únicamente este tropiezo, sino la contradicción que supone respecto al discurso que James Gunn ha vendido desde el primer día. Ojalá Clayface consiga recuperar el rumbo cuando llegue a los cines a finales de año, porque sus primeros avances apuntan bastante mejor. Sin embargo, después de salir de Supergirl, resulta inevitable mirar el futuro del Universo DC con bastante más preocupación que ilusión.

Esta noticia está escrita por Rubén Mota y editada por Fran Molinez.

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