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Toy Story 5 ya está aquí y, como ocurre cada vez que Pixar decide regresar al universo de Woody, Buzz y compañía, la pregunta vuelve a ser la misma: ¿hacía falta una nueva película? La respuesta probablemente sea un “no” rotundo, pero eso no impide que esta quinta entrega vuelva a conectar con varias generaciones gracias a una combinación de nostalgia, emoción y un apartado técnico sencillamente extraordinario. Entre el peso del legado y la necesidad de seguir explotando una de las franquicias más exitosas de la animación, Pixar entrega una secuela entretenida, conmovedora y muy familiar que, aunque apenas arriesga, vuelve a recordarnos por qué seguimos regresando a estos juguetes casi treinta años después.
Toy Story sigue siendo la gallina de los huevos de oro de Pixar
Resulta imposible hablar de Toy Story 5 sin hacerlo desde la perspectiva de una saga que lleva décadas marcando a varias generaciones. Pixar vuelve a demostrar que sabe perfectamente el poder emocional que tiene la franquicia y, aunque muchos pensábamos que la historia ya había encontrado un cierre perfecto en anteriores entregas, aquí estamos otra vez. Quizá por curiosidad, por nostalgia o simplemente por ese miedo a perdernos un nuevo capítulo de unos personajes con los que crecimos. El caso es que siempre acabamos pasando por caja.

Lo sorprendente es que, pese a esa evidente sensación de secuela innecesaria, la película consigue justificar mejor su existencia que Toy Story 4. No porque revolucione la fórmula ni porque aporte un rumbo completamente nuevo, sino porque entiende cuál es la esencia de la saga y vuelve a utilizarla para tocar la fibra del espectador. Pixar juega sobre seguro, sí, pero conoce demasiado bien al público como para fallar estrepitosamente.
Jessie toma el relevo y aporta un soplo de aire fresco necesario
Uno de los mayores aciertos de esta quinta entrega es desplazar ligeramente el foco de Woody y Buzz Lightyear para darle mucho más protagonismo a Jessie. La vaquera llevaba años siendo uno de los personajes más queridos del universo Toy Story y, por fin, recibe un desarrollo mucho más protagonista que refresca una franquicia que empezaba a dar síntomas de agotamiento narrativo.

Ese cambio de perspectiva ayuda a que la película no se sienta completamente reciclada. Aunque el esquema general continúe siendo muy reconocible, Jessie aporta una energía distinta. Consigue que la historia respire algo diferente sin romper nunca la identidad clásica de la saga. No es una revolución, pero sí uno de esos pequeños cambios que terminan marcando la diferencia dentro de una franquicia tan consolidada.
Una historia que critica la tecnología… aunque sin profundizar demasiado
El guion vuelve a apoyarse en los grandes temas que siempre han acompañado a Toy Story: crecer, cambiar, dejar atrás etapas y aceptar que el tiempo pasa para todos. Sin embargo, esta vez introduce además una reflexión bastante actual sobre la relación de los niños con la tecnología y cómo ésta ha transformado por completo su forma de jugar.

La idea resulta interesante y tiene potencial, pero Pixar opta por un enfoque muy superficial. Evidentemente hablamos de una producción dirigida principalmente al público infantil, por lo que todo está simplificado para que resulte accesible a los más pequeños. Aun así, da la sensación de que existía margen para profundizar mucho más en un asunto tan presente en las generaciones más jóvenes.
Un espectáculo visual que vuelve a demostrar por qué Pixar sigue siendo única
Si hay un apartado donde resulta prácticamente imposible ponerle un pero a Toy Story 5 es en el técnico. Pixar continúa elevando el listón con cada nueva producción y vuelve a demostrar que, cuando se trata de animación, sigue jugando en una liga muy diferente al resto. La calidad de las texturas, la iluminación, las expresiones faciales o el nivel de detalle de cada escenario convierten la película en una auténtica exhibición visual.

Da igual cuántas veces parezca que el estudio ha alcanzado su techo: siempre encuentra la manera de superarse. Hay un mimo absoluto por estos personajes y por este universo, algo que se percibe en cada plano. Podemos discutir la necesidad de seguir haciendo películas de Toy Story, pero resulta imposible negar el enorme trabajo artístico y técnico que hay detrás de cada nueva entrega.
Balance final: Una despedida que vuelve a sentirse definitiva… aunque nadie se lo termine de creer
Quizá lo más curioso de Toy Story 5 es que vuelve a transmitir esa sensación de cierre definitivo que ya hemos experimentado varias veces dentro de la propia saga. La película funciona emocionalmente como un posible final perfecto, uno capaz de resumir todo lo que representan estos personajes para quienes hemos crecido con ellos y de cerrar el círculo con una enorme carga sentimental.

El problema es que ya hemos vivido esa sensación demasiadas veces. Después de varias despedidas aparentemente definitivas, cuesta creer que esta vaya a ser realmente la última aventura. Y esa incertidumbre termina restando algo de fuerza a un desenlace que, por sí solo, resulta muy conmovedor. Aun así, Toy Story 5 cumple exactamente con lo que promete: emociona, entretiene y vuelve a hacer que salgamos del cine con un nudo en la garganta. No es la película más inspirada de Pixar ni la más necesaria de la saga, pero sí una aventura tremendamente disfrutable. Repetitiva, sí. Conservadora, también. Pero igualmente divertida, reconfortante y capaz de recordarnos por qué seguimos queriendo tanto a estos juguetes. Si creciste con Toy Story o buscas una película para disfrutar en familia este verano, difícilmente encontrarás una opción mejor.
Esta noticia está escrita por Rubén Mota y editada por Fran Molinez.



