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Hoy toca hablar de Hamnet (2025), dirigida por Chloé Zhao, es una de esas películas que no buscan gustar y entretener, sino permanecer en la cabeza del espectador para siempre.
Está basada en la novela de Maggie O’Farrell y se adentra en el duelo familiar de William Shakespeare tras la muerte de su hijo, pero lo hace desde una perspectiva radicalmente íntima y emocional. Lejos de un biopic convencional, Hamnet es una experiencia cinematográfica cruda, devastadora y profundamente humana, sostenida por interpretaciones memorables y una sensibilidad artística que confirma a Zhao como una de las cineastas más relevantes del cine contemporáneo.
@motadecine ¿Crees que ya lo has visto todo en cine dramático? HAMNET viene a dejarte vacío por dentro. En este vídeo analizo la nueva película de Chl... See more
Hoy hablamos de HAMNET:
— Una aproximación íntima y emocional al duelo de William Shakespeare
— Una adaptación de la novela de Maggie O’Farrell que huye del biopic clásico
— La mirada sensible y cruda de Chloé Zhao
— Una experiencia cinematográfica exigente, honesta y pensada para permanecer en la memoria del espectador
Una historia que no va de Shakespeare
Aunque el nombre de Shakespeare planea sobre toda la película, Hamnet no está interesada en el mito ni en la figura pública. Chloé Zhao desplaza el foco hacia lo verdaderamente incómodo: el vacío que deja la pérdida de un hijo. No es una película en la que verás grandes discursos ni gestos grandilocuentes, sino silencios, miradas y una cotidianeidad rota para siempre.

La película propone un relato profundamente físico del duelo, casi palpable. Zhao es capaz de filmar el dolor como algo que se instala en nosotros y en nuestra memoria. Una decisión narrativa valiente, ya que exige paciencia y entrega por parte del espectador, pero también es lo que convierte a Hamnet en una obra honesta, sin adornos ni sentimentalismo barato.
Jessie Buckley es el epicentro emocional de la película
Si Hamnet funciona con la contundencia con la que lo hace es, en gran medida, gracias a Jessie Buckley. Su interpretación es devastadora, una de esas actuaciones que, sin duda, arrasan en premios de cine y quedará para siempre en las conversaciones de los más cinéfilos. Buckley encarna el duelo desde una perspectiva radicalmente femenina, íntima y salvaje, alejándose de cualquier representación edulcorada de la maternidad.

Paul Mescal cumple con solvencia y contención, pero la película no es suya. Hamnet pertenece a Buckley. Ella es el peso emocional del relato. A su lado, Jacobi Jupe, en el papel del joven Hamnet, aporta una presencia delicada y dolorosa que hace aún más insoportable la pérdida. Cada escena compartida entre la actriz y los actores principales resuena incluso después de que la película termine.
La violenta belleza del cine de Chloé Zhao
Visualmente, Hamnet tiene una belleza serena y brutal al mismo tiempo. Zhao vuelve a demostrar su capacidad para filmar la naturaleza y los espacios como extensiones del estado emocional de sus personajes como ya hizo en anteriores películas como Nomadland (2020). La cámara no juzga, solo observa. Y en esa observación surge una violencia emocional que golpea con más fuerza que cualquier dramatismo artificial.

Nia DaCosta entiende perfectamente este planteamiento, y lo traduce en imágenes perturbadoras. Apuesta por una puesta en escena que roza lo grotesco sin perder coherencia interna. El resultado: una obra que habla de la inhumanidad humana con más crudeza que cualquier discurso explícito. Aquí los monstruos no siempre gruñen ni corren: a veces razonan, deciden y justifican sus actos.
Un ritmo pausado que no empaña una obra esencial
Es cierto que el ritmo de Hamnet es lento en algunos tramos. Chloé Zhao se toma su tiempo, insiste en la repetición emocional y en la contemplación. Pero reducir esta elección a que yo os diga que es un defecto, sería injusto por mi parte. El tempo de la película responde directamente a la temática: el duelo no tiene prisa, y el cine que lo representa, en mi opinión, tampoco debe tenerla.
Más allá de ese detalle, Hamnet se consolida como una obra esencial sobre la pérdida y sobre el arte como refugio emocional. Es una película que recuerda por qué el cine importa, por qué sigue siendo una herramienta poderosa para canalizar lo que no sabemos decir. Duele, agota y deja un vacío eterno… pero también reafirma la necesidad de cuidar un arte que, cuando es honesto, marca para siempre.
Esta noticia está escrita por Rubén Mota y editada por Fran Molinez.
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