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Marty Supreme, la nueva película de Josh Safdie producida por A24, es uno de los biopics más provocadores y comentados de 2026. Protagonizada por un Timothée Chalamet en estado de gracia, la cinta retrata la vida de Marty Reisman, un jugador de ping-pong convertido en leyenda a base de trampas, ego y ambición desmedida. Se encuentra a medio camino entre el drama deportivo y la comedia salvaje, pero Marty Supreme ofrece una visión incómoda y brillante sobre el verdadero coste de la grandeza., quedándose atrapada entre la fidelidad al videojuego y la falta de ambición.
Hoy analizamos Marty Supreme: el lado oscuro del sueño americano:
— Por qué no es un biopic de superación
— Timothée Chalamet en modo antihéroe
— Josh Safdie y el caos controlado
— A24 y el factor polémica
— Reparto y regresos: secundarios que elevan el conjunto
Un biopic que rehúye la épica para abrazar la incomodidad
Marty Supreme no es el típico biopic de superación que convierte al deportista en un icono moral. Josh Safdie firma una estimulante (y desagradable) epopeya americana sobre Marty Reisman, un buscavidas neoyorquino que empieza jugando al ping-pong por apuestas en Manhattan y termina convertido en leyenda del deporte… aunque la película, de forma muy consciente, decide no contar uno de sus hito más inspiradores: se convirtió en el campeón nacional más veterano de deportes de raqueta con 67 años.

Esa omisión no es casual. Marty Supreme no está interesada en glorificar el éxito, sino en diseccionar el precio que se paga por él. La película se mueve en un terreno incómodo, donde el triunfo no nace del esfuerzo limpio, sino del engaño, la fanfarronería y la manipulación. Safdie no busca que admires a su protagonista: busca que lo soportes… o directamente lo odies.
Timothée Chalamet firma la mejor interpretación de su carrera
Timothée Chalamet ofrece aquí su actuación más legendaria hasta el momento. Su personaje es magnético, insoportable y fascinante a partes iguales. No hay rastro del carisma edulcorado que suele acompañar a los biopics deportivos: este Marty es un antihéroe casi villanesco, convencido de que ser “el mejor” le otorga automáticamente el derecho al reconocimiento y a pisar a quien haga falta.

Chalamet compone al personaje desde la arrogancia y la inseguridad, haciendo que cada mini-victoria resulte tan irritante como hipnótica. Su energía verbal, su lenguaje corporal exagerado y su sonrisa construyen a un protagonista que parece estar siempre a punto de caer… pero que se mantiene en pie gracias a la mentira constante. Es, sin discusión, el trabajo más complejo y arriesgado de su carrera.
Josh Safdie: genio creativo en medio de la polémica
Josh Safdie vuelve a demostrar un talento excepcional para retratar personajes al límite, pero su figura llega inevitablemente empañada por la polémica. Las acusaciones relacionadas con Good Time (sobre una escena rodada con una menor y la supuesta negligencia ante una agresión sexual en el set) planean sobre Marty Supreme, amenazando incluso con dinamitar su recorrido en la temporada de premios.

Aun así, el talento está ahí. Safdie entrega un guion salvaje, lleno de giros vertiginosos y decisiones narrativas que rozan la locura, empujando al personaje a una escalada de éxito cada vez más absurda y peligrosa. El tono oscila entre el drama deportivo y una comedia casi cruel, donde cada triunfo se siente como una derrota a nuestra moralidad como espectadores.
Comedia, caos y una puesta en escena sin miedo
Uno de los mayores logros de Marty Supreme es su falta total de miedo a probar nuevas formas de narrar. La puesta en escena y el montaje (marca de la casa y sello de calidad de A24) convierten simples partidos de ping-pong en auténticas batallas psicológicas, cargadas de tensión y humor ácido.

La comedia funciona como arma arrojadiza, ya que Safdie se ríe de su protagonista, lo humilla y lo expone. Esa fanfarronería constante hace que el espectador termine desarrollando una relación de amor-odio con Marty, algo que la película explota hasta el mismísimo final, literalmente.
Un reparto brillante y un regreso inesperadamente bueno
El regreso de Gwyneth Paltrow a la gran pantalla, tras años alejada del cine más allá de sus apariciones en Vengadores, es otro de los grandes atractivos del filme. Su presencia aporta peso y contraste emocional a una historia dominada por el ego masculino y la autodestrucción.

A su alrededor, secundarios como Odessa A’Zion y compañía elevan aún más el conjunto, aportando capas y matices a un relato que nunca se conforma con lo superficial. Marty Supreme es una película incómoda, arriesgada y provocadora, pero también una de las más estimulantes de 2026.
Una de las películas del año
Marty Supreme no busca caer bien, ni ofrecer un mensaje inspirador. Es una película sobre la grandeza entendida como obsesión, sobre el éxito construido a base de trampas y sobre un hombre que cree que ser el mejor le da derecho a todo. Con una interpretación colosal de Timothée Chalamet y una dirección sin concesiones, A24 firma una de las propuestas más potentes, polémicas y memorables de 2026. Sin duda, una de las mejores películas del año.
Esta noticia está escrita por Rubén Mota y editada por Fran Molinez.
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