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Rental Family (Familia de alquiler), estrenada hace muy poco, es una de esas películas que llegan sin hacer mucho ruido y termina dejando una huella más profunda de lo esperado. Protagonizada por Brendan Fraser, el actor que ya nos rompió por dentro en La ballena, y dirigida con delicadeza por Hikari, la cinta se mueve entre el drama íntimo y una comedia suave que reflexiona sobre la soledad, las relaciones humanas y la necesidad casi desesperada de sentir que estamos en este mundo para algo más. No es una gran obra maestra ni pretende serlo, pero sí una película profundamente humana que encuentra su fuerza precisamente en su fragilidad.

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Hoy analizamos Rental Family (Familia de alquiler):

— Brendan Fraser como motor emocional
— Hikari y una dirección empática
— Drama y comedia suave sin etiqueta clara
— La idea central: alquilar vínculos, descubrir emociones reales
— Lo que funciona y lo que flojea: autenticidad cotidiana vs. final demasiado complaciente

Brendan Fraser, el peso emocional de la película

Brendan Fraser carga Rental Family sobre sus hombros con una naturalidad desarmante. Su personaje no busca grandes discursos ni escenas de lucimiento, sino algo más complejo: sostener la emoción en los silencios, en las miradas y en la incomodidad cotidiana de Tokyo. Fraser vuelve a demostrar que es un actor de talla grande no por el volumen de su presencia, sino por su capacidad para transmitir vulnerabilidad sin sobreactuar.

Tras La ballena, podría haber optado por un papel protagonista más seguro. Sin embargo, aquí elige un registro más contenido, casi invisible, que se fue metiendo en mi corazoncito poco a poco. Su actuación no pide aplausos en el cine, pero se queda contigo después de que la película termine. Y eso, hoy en día, es un logro poco común.

No es un drama redondo ni una comedia reconfortante: sino algo más

Uno de los mayores aciertos y riesgos de Rental Family es que no encaja del todo en una sola etiqueta. No funciona como un drama clásico con estructura cerrada, ni tampoco como una comedia feel-good diseñada para reconfortar al espectador. Lo que propone es algo más inestable, más delicado, algo incómodo por momentos.

Esa fragilidad narrativa es precisamente lo que la hace interesante. La película avanza como lo hacen las relaciones reales: con tropiezos, con momentos previsibles y con otros inesperadamente honestos. No todo encaja, no todo se resuelve de forma perfecta en el momento que debería, y ahí es donde encuentra su identidad. En lugar de ofrecer respuestas claras, plantea sensaciones, a pesar de que el final sí que es demasiado complaciente con el espectador.

La sensibilidad de Hikari en la dirección

La dirección de Hikari es clave para que Rental Family no se desmorone en sus propias ambiciones. Su visión es atenta, respetuosa y, sobre todo, empática (al más puro estilo japonés). La cámara no invade a los personajes, los acompaña lentamente como observando más que explicando, permitiendo que las emociones respiren sin necesidad de ser verbalizadas constantemente.

Aunque el guion cae en algunos momentos previsibles, Hikari sabe equilibrarlos con inteligentes estallidos de comedia que sirven para liberar tensión. No son chistes gratuitos, sino pequeñas válvulas de escape que humanizan aún más la historia. Estos momentos aportan ritmo y evitan que la película se vuelva del todo solemne o autocomplaciente.

Comedia suave y destellos de autenticidad

Cuando Rental Family acierta de verdad es en esos instantes aparentemente pequeños: una conversación incómoda, una risa inesperada, un gesto que dice más que cualquier diálogo. La película sabe encontrar comedia en lo cotidiano sin ridiculizar a sus personajes.

Estos destellos de autenticidad son los que sostuvieron mi experiencia en el cine. No buscaban provocar carcajadas, sino sonrisas cómplices. Son momentos que descargan tensión emocional y refuerzan la idea central de la película: todos, en algún momento, necesitamos fingir estar completos para seguir viviendo.

Balance final: ¿merece la pena?

Una película para volver a creer (un poco) en la humanidad

Rental Family no pretende cambiar el cine, ni mucho menos marcar una época. Tiene una ambición mucho más modesta y sincera: recordarnos que incluso las relaciones construidas desde la artificialidad pueden derivar en algo genuino y que la necesidad de afecto es universal.

Gracias al trabajo de Brendan Fraser y a la sensibilidad de Hikari, la película consigue algo valioso: devolvernos, aunque sea por un rato, cierta fe en la humanidad. No desde el optimismo ingenuo, sino desde la aceptación de nuestras carencias. Una película hecha a la medida de Fraser para que no olvidemos, si es que alguna vez lo hicimos, que sigue siendo uno de los actores más humanos de su generación.

Esta noticia está escrita por Rubén Mota y editada por Fran Molinez.

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